martes, 28 de marzo de 2017

Llegó la hora ... estoy preparada....

Publicado por Elisabeth Mur
Un ser en la Luz nos cuenta cómo se enteró de que llegaba su hora de morir, cómo cambió su antigua creencia de que nos perdemos en la nada a que somos seres eternamente vivos en el Hogar de las Almas.
Cuando estaba enferma en el hospital deseando que me dieran el alta médica vi a mi hermana, no sería extraño en otro momento pero ella llevaba cinco años fallecida. Su presencia era muy real aunque su cuerpo era algo luminoso y llevaba un hermoso candil en su mano; sentí un vuelco en el corazón y pensé que estaba afectada por algún narcótico, todo y así le hablé, le pregunté qué hacía allí y cómo podía regresar de la nada – ya que entonces yo no creía en el más allá, ni en la vida eterna ni en la reencarnación-.
Me contestó que venía para acompañarme en los momentos dolorosos que se acercaban, para que los viviera con la esperanza de que renacería a la nueva vida y que no lo haría sola, que aunque no la pudiera ver seguiría conmigo hasta mi último aliento físico y más allá. Fue un shock que mantuve en silencio, sin decir nada a mi familia. Tenía dos niñas pequeñas y mucha ilusión puesta en la vida. Cuando Adela, mi hermana, falleció con treintaicinco años pensé que una desgracia había caído en la familia y sería poco probable que sucediera otra, pero cuando supe con seguridad que no había tomado ningún medicamento que me pudiera producir alucinaciones comprendí que mi hora se acercaba.





Estuve días analizando el comportamiento de mi familia y comprobé que algo me ocultaban; percibí en ellos que mi estado era grave y no se atrevían a decírmelo. Sentí mucha pena porque sabía que el dolor no era sólo mío, ellos sufrían quizá más que yo y les comprendía porque cuando supe que mi hermana nos dejaba noté como si mi cuerpo sintiera su dolor y mi vida se detuviera, ella era el motor de la familia, la que nos animaba, la que nos ayudaba y la que nos cuidaba; siempre sabía lo que se debía hacer y lo que era mejor para todos. Cuando partió yo no podía llorar, mi pecho sentía una opresión que sólo se alivió con medicamentos. No supimos afrontar su enfermedad y pérdida, lo mismo estaban haciendo conmigo. Adela no me contó que viera a ningún fallecido pero supo vivir su proceso y final con valentía; ahora yo debo hacer lo mismo, solo que ahora sé que no me perderé en la nada como había creído sino que partiré a algún lugar con Adela.
Quise liberar a mi familia del doloroso secreto que llevaban entre ellos; tras conversar con mis médicos y saber la verdad les hablé con una gran serenidad, lloraron y yo pude hacerlo con ellos pero alguna fuerza superior me acompañaba, una fuerza que jamás había sentido y que pude ver en Adela cuando pasó por lo mismo. Y es que cuando uno se siente acompañado y sabe que no se perderá en la nada siente entereza, comprende lo fugaz que es la vida y lo importante que es vivirla con honestidad y con amor, cuando comprendes eso terminas tus días terrenales en absoluta paz. Me llevé de esta vida muchas experiencias, conocí muchas culturas, visité muchos países, conocí personas maravillosas y amé con locura a mi esposo, él me dio dos hermosas hijas las cuales son mi legado junto mis reconocidas investigaciones arqueológicas e históricas que giran por el mundo.
Viví mi último año de vida con la familia y amigos, con absoluta fe de que Adela estaba conmigo dándome esa generosa fuerza que sentía y todas las noches cuando cerraba los ojos podía ver el candil que llevaba mi hermana cuando la vi en el hospital y con la visión de su luz me dormía. Tuve la oportunidad de abrirme a la conciencia que poseemos en nuestro interior, reconocí tener alma y que era indestructible por ninguna enfermedad y eso es lo que sería, un alma en algún lugar del Universo que desconocía pero que no tenía duda de su existencia porque Adela venía de allí. No me planteé investigar ni buscar nada que hablara del tema porque no quería perder el tiempo que me quedaba en conjeturas ya que en breve sabría la verdad.
Cuando llegaron mis últimos días el calor familiar me arropó. Hasta entonces no les conté la visión que había tenido con mi hermana en el hospital; lo hice para que se dieran cuenta de que mi valor al afrontar el final venía de ella y que cuando llegara el momento yo estaría con ellos. Quería que afrontasen mi marcha mejor que la de Adela y que mis hijas, todavía pequeñas, vivieran con la esperanza de un reencuentro. Quería cuidarlos desde allá donde estuviera. Mis últimos momentos de aliento los viví entre la presencia de mi familia que iban acariciando mis manos y la presencia de Adela y mi abuelo que con sus rostros serenos y sus cuerpos iluminados me llevaron al Hogar de donde pertenecemos todos: el Hogar de las Almas.
Aquí estoy, serena, instruida por seres maravillosos, en este lugar donde no existe la duda porque siempre hay quien te responda, un lugar donde los defectos humanos se dejan atrás y donde hay extraordinarios reencuentros con otros seres que llegaron antes y los que llegarán después. Pronto llegará mi madre a quién visito a menudo para darle fuerza, aunque ella no me vea sabe que estoy allí; mi hermana y yo la iremos a buscar, le daremos la mano para que traspase y sienta el descanso y la paz del Hogar de las almas.
Siempre en paz, siempre con amor, eternamente viva.
Escrito y publicado por ©Júlia García.

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