martes, 3 de mayo de 2016

Meditación

Publicado por Elisabeth Mur
¿Qué es?

La meditación es un medio hacia la auto-conciencia, transformación y visión espiritual. Al aplicar un esfuerzo continuado durante periodos de práctica breves y regulares aprendemos a no reaccionar habitualmente a nuestra experiencia sino a responder de forma creativa y con conciencia.

Al trabajar directamente con la mente podemos desarrollar, de forma efectiva, estados de conciencia elevados que tendrán un efecto directo sobre nosotros mismos y la manera en que percibimos el mundo.

Existen dos prácticas de meditación:

- Meditación de “conciencia plena”.

- Meditación trascendental (MT)




MEDITACIÓN DE “CONCIENCIA PLENA”

En este tipo de meditación, se fomenta el cambiar la forma de pensar, sentir y actuar. El objetivo es intentar sentirse libre de pensamientos y acciones negativas, y en su lugar, fortalecer y aumentar los pensamientos positivos. Para lograr un estado de conciencia plena, aprenderá a concentrarse únicamente en su respiración. Si consigue sentirse inmerso por sí mismo en esta experiencia, sin reaccionar o juzgar sobre lo que ocurre a su alrededor, se cree que podrá ser capaz de repartir sus pensamientos y emociones de forma más equilibrada en su día a día. Como esta técnica combina la práctica de la meditación con yoga, tendrá, a su vez, beneficios y mejoras en la flexibilidad.

MEDITACIÓN TRASCENDENTAL (MT)

La técnica MT es bastante diferente a la anterior. Durante cada sesión, lo único que tendrá que hacer es repetir un mantra una y otra vez en voz baja o en silencio. Esto se hace para que no se distraiga y para que le ayude a concentrarse y encontrar un estado de relajación total.

La palabra meditación cubre tres maneras diferentes de controlar la mente y tres etapas diferentes en el desarrollo de la conciencia, para las cuales tanto en el budismo como en otras tradiciones espirituales de la India, hay tres términos diferentes, que comprenderían: la concentración, la absorción y la visión clara.

La Etapa de la Concentración

La concentración comprende dos procesos simultáneos: la unificación de las energías y la disminución del campo del foco de la atención. Por lo tanto podemos hablar de la concentración en términos de integración. La integración es de dos tipos, que llamaremos horizontal y vertical. La integración horizontal consiste en la unificación de la mente consciente en sí misma, o en su nivel ordinario; mientras que la integración vertical consiste en la unificación de la mente consciente con el subconsciente, lo cual lleva consigo la liberación de las energías somáticas bloqueadas, así como el despertar de energías psíquicas en niveles cada vez más profundos.

La integración horizontal corresponde a lo que normalmente se conoce en el budismo como atención y recuerdo. La palabra recuerdo es bastante adecuada dentro de este contexto ya que implica reunir algo que se encontraba disperso, llevándolo a nuestro ser consciente. Nuestro ser consciente a menudo se divide en varios aspectos o "seres parciales", cada uno con sus propios intereses, deseos, etcétera, cada uno tratando de suprimir a los demás para así alcanzar la supremacía. Unas veces se impone uno, otras veces otro diferente, y así terminamos sin saber quienes somos realmente. A veces nos sentimos rebeldes; hay en nosotros un ser parcial que quiere ser bueno y responsable, pero también hay otro que quiere olvidarse de todo y divertirse. De este modo no sabemos claramente quienes somos. Nos identificamos con cada uno de estos seres parciales cuando toman posesión de nuestra mente consciente, pero al mismo tiempo sabemos que ninguno de ellos es el total de nuestra persona. La verdad es que no somos realmente un solo ser sino una colección de seres parciales desintegrados. Nuestro ser real llegará a existir cuando logremos integrar o recordar todos estos aspectos, todos estos seres, para reunirlos en nuestra mente consciente. Esto se logra por medio de la práctica de la atención y el recuerdo.

La atención y recuerdo en la tradición budista es de tres clases. Primero tenemos la atención en el cuerpo y sus movimientos; debemos estar atentos de todo movimiento del cuerpo. No debemos hacer ningún movimiento sin percatarnos de ello. Cuando hablamos, también debemos estar atentos y con pleno conocimiento de lo que decimos y de nuestros motivos. Debemos estar alertas, despiertos y tranquilos. Luego, en segundo lugar, está la atención en nuestros sentimientos y emociones; que es el tener clara conciencia de nuestros estados de ánimo pasajeros, de si estamos tristes o felices, contentos o descontentos, ansiosos, atemorizados, alegres o excitados. Observamos y vemos todo, sabemos exactamente como estamos; esto no implica que debamos tomar una actitud desapegada de nuestros sentimientos y emociones como si fuésemos espectadores, observando desde fuera. Estaremos experimentando nuestros sentimientos y emociones y al mismo tiempo estaremos siempre atentos, siempre observando lo que sentimos. Tercero y último, la atención de los pensamientos: el saber lo que estamos pensando, saber donde está nuestra mente de un instante a otro. Sabemos que nuestra mente está inquieta y que se distrae fácilmente. Generalmente nuestros pensamientos están distraídos, por esta razón debemos enfocar nuestra atención en los pensamientos, debemos tratar de tener clara conciencia de lo que pensamos momento a momento.

La integración horizontal se logra practicando de esta manera; por medio de esta práctica unificamos los aspectos de la conciencia, dando así origen a nuestro ser. Cuando lo logramos plenamente podemos decir que hemos desarrollado por completo nuestra conciencia reflexiva y nos hemos convertido en seres humanos verdaderos. La concentración no es sólo horizontal sino también vertical. Los aspectos conscientes deben integrarse con los aspectos inconscientes. Esto se logra por medio de un objeto de concentración, un objeto en el cual uno aprende a concentrar toda la atención y en el que se absorben las energías del inconsciente.

El meditador, o aspirante, habiendo alcanzado la integración horizontal llega a un punto crucial; el punto en que deberá hacer una importante transición: desde el plano de la experiencia sensual hasta el plano del mundo de la forma mental y espiritual. Allí aparecen los denominados "cinco obstáculos", que impiden esta transición y que deberán suprimirse para poder entrar en la etapa de la absorción; dicha supresión es temporal. Los cinco obstáculos mentales son erradicados definitivamente solo con el despertar a la Realidad de las cosas. El primer obstáculo es el deseo de experiencias sensuales a través de los cinco sentidos, es decir, el deseo de experimentar sensaciones agradables a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto; especialmente sensaciones relacionadas con la comida y el sexo. Siempre que estos deseos estén inquietando la mente no será posible llevar a cabo la transición al estado de la absorción, porque la mente del meditador no puede ocuparse del objeto de concentración.

El segundo obstáculo es el odio, o sentimiento de mala voluntad y resentimiento, que surge cuando el deseo de experiencias sensuales se ve frustrado. Este sentimiento a veces está dirigido hacia el objeto del deseo. El tercer obstáculo es el letargo y la pereza, que nos ata al plano de la conciencia ordinaria y de todos los días. Es una clase de inercia animal de mente y cuerpo. El cuarto es el extremo opuesto del tercero, la ansiedad y el desasosiego, que se manifiesta en nuestra mente cuando ésta se contamina por la inquietud y la preocupación, que nos impiden dedicarnos a algo en concreto, quedándonos en un estado de continuo aspaviento y desasosiego. El quinto y último obstáculo, es la duda. No es el resultado de la honesta curiosidad intelectual, sino más bien una indecisión o aún renuencia a decidirse y a comprometerse a una tarea en particular. Este estado mental proviene esencialmente de la falta de fe, la falta de confianza, el rechazo a admitir que existen estados mentales superiores que el ser humano puede alcanzar. Estos son los cinco obstáculos que deben ser combatidos y eliminados para poder concentrarnos, en nuestra preparación para entrar al estado de absorción.

Para la mente que se encuentra contaminada por los cinco obstáculos, hay cinco analogías o símiles tradicionales, donde se compara la mente con el agua en diferentes estados. La mente contaminada por el deseo de experiencias sensuales, es comparada con agua a la que se le han agregado colorantes, es bonita tal vez pero ha perdido su pureza y trasparencia. Una menta contaminada por el odio es comparada con el agua hirviendo. Una mente contaminada por la pereza y el letargo se dice que es como agua estancada llena de algas. Una mente contaminada por la ansiedad y el desasosiego es como agua abatida por el viento, o por una tormenta, con olas inmensas en turbulencia. Finalmente, una mente contaminada por la duda y la indecisión es como el agua llena de barro. Cuando se suprimen estos cinco obstáculos la mente consciente llega a ser como el agua pura, fresca y cristalina. En este estado de calma la mente está lista para concentrarse.

Los objetos de concentración son de muchas clases, aún dentro de la misma tradición budista. Algunos son simples y ordinarios, otros son complejos y extraordinarios; algunos son objetos ordinarios de cada día, mientras que otros son más raros y peculiares. Por ejemplo, la respiración es un objeto de concentración y existen varias técnicas que consisten en desarrollar la atención o el seguimiento de la respiración. Otro objeto de concentración, muy importante por cierto, es el sonido, especialmente el sonido sagrado que se conoce con el nombre de mantra. O podemos tomar como objeto de concentración un disco de color brillante y puro, rojo, verde, azul, etcétera, de acuerdo con nuestro temperamento. También podemos tomar como objeto de concentración un pedazo de hueso humano, preferiblemente grande. Otra alternativa es tomar una idea para concentrarnos en ella; por ejemplo, podríamos tomar alguna virtud en particular, como puede ser la generosidad. Incluso podemos usar objetos tan ordinarios y mundanos como la llama de una vela. Podemos concentrarnos en los diferentes centros psíquicos de nuestro cuerpo, o en una imagen mental del Buda, un gran Bodhisattva, un gran maestro.

Usar cualquiera de estos objetos, ya sea la respiración, un mantra, una llama, una imagen del Buda, etcétera, nuestra mente puede llegar a absorberse de una forma profunda, logrando alcanzar el estado de absorción.

No es necesario usar todos y cada uno de los objetos de concentración mencionados, aunque es posible encontrar sistemas de meditación tradicionales que los combinan secuencialmente; también pueden combinárseles con métodos indirectos para elevar el nivel de conciencia, como pueden ser los rituales y cantos.

Si procedemos de esta manera, es decir, si integramos la mente consciente con la mente inconsciente, si vencemos los obstáculos mentales, si tomamos uno o varios objetos de concentración y si nuestras energías más profundas comienzan a fluir con mayor fuerza, hacia el objeto de concentración, experimentaremos un gran cambio: nuestro nivel de conciencia empezará a elevarse, yendo del plano del mundo de la experiencia sensual al plano de la forma espiritual y mental. En otras palabras, estaremos pasando de la primera a la segunda etapa de meditación; estaremos pasando de la meditación, en el sentido de concentración, a la meditación en el sentido de absorción.

La Etapa de la Absorción

La segunda etapa de la meditación es la absorción, dividida a su vez en cuatro niveles, a través de los cuales continua el proceso de la integración que ya había comenzado en la etapa anterior. En el proceso de absorción, la mente consciente purificada se integra con la superconsciente, y las energías de la mente superconsciente, puramente espirituales, comienzan a fluir. La absorción representa el proceso de unificación de la mente hacia niveles de conciencia superiores, en niveles de ser cada vez más elevados. A medida que este proceso se lleva a cabo se transforman gradualmente en estados y funciones superiores.

Todavía existe un poquito de actividad mental en este primer nivel. Todavía nos encontraremos pensando de forma muy sutil en cosas mundanas, incluso la meditación que estamos realizando. A partir del segundo nivel de absorción desaparece por completo este tipo de actividad mental y el pensamiento. Tal vez muchos imaginarán que al no pensar uno se vuelve inerte, como si estuviera muerto, pero no es así. Podemos incluso decir que, debido a que no estamos pensando, nuestra conciencia se vuelve más clara y brillante, más radiante que nunca. Pero a partir del segundo nivel de absorción, no hay pensamiento; podemos tratar de apreciar que la experiencia de estos niveles no tienen un origen analítico, ni intelectual, sino que proceden de imágenes y símbolos. Es posible lograr esto utilizando las cuatro símiles tradicionales, que el Buda usó para ilustrar los cuatro niveles de absorción.

El primer nivel lo compara con el jabón en polvo mezclado completamente con agua. El Buda nos pide que imaginemos como una persona toma el jabón y un poco de agua, mezclándolos de tal manera que quedan totalmente absorbidos uno en el otro, formando una mezcla homogénea perfecta. No sobrará ni una gota de agua, ni habrá un solo grano de jabón que no se haya saturado de agua. Así es el primer estado de absorción, de acuerdo con el Buda. En este estado el cuerpo psicofísico queda lleno de felicidad, éxtasis, alegría y, al mismo tiempo, todos estos sentimientos estarán perfectamente equilibrados; todo está en calma, estable y firme: la concentración se convierte en algo natural y espontáneo.

Para describir el segundo nivel de absorción, el Buda nos pide que imaginemos un gran lago de aguas tranquilas y puras. Este lago se abastece de una fuente subterránea, de tal modo que hay un continuo flujo de agua pura que emerge desde las grandes profundidades; así es el segundo estado de absorción. Se encuentra en calma, claro tranquilo, puro, transparente, pero desde niveles aún más profundos emerge algo más puro, aún más maravilloso, burbujeando continuamente. Este es el componente espiritual, la conciencia superior, que nos inspira.

El Buda nos dice que el tercer nivel de absorción es como el mismo lago, el mismo componente acuático, solo que esta vez contiene innumerables flores de loto. Estas flores de loto se encuentran completamente sumergidas en las aguas puras del lago. Del mismo modo, en el tercer nivel de absorción, se puede decir que nos encontramos completamente sumergidos en esta conciencia espiritual, empapados de esa conciencia superior. Estamos saturados por dentro y rodeados por ella desde fuera; así es el tercer nivel de absorción.

En el caso del cuarto nivel de absorción, el Buda nos pide que imaginemos un hombre que, en un día caluroso, acaba de tomar un baño. Al haberse lavado bien, se envuelve con una sábana blanca, de modo que queda completamente cubierto de pies a cabeza. Así, nos dice el Buda, es el cuarto nivel de absorción. Estamos protegidos por esa conciencia superior del contacto y de la influencia de esos estados inferiores. Es como si estuviésemos rodeados de un aura poderosa; no es que podamos sumergirnos en este estado, sino más bien que este estado desciende sobre nosotros y nos envuelve. Además comienza a emanar radiaciones, de tal manera que crea un cuerpo meditativo a nuestro alrededor. En este estado no seremos afectados con facilidad, sin embargo podremos influir y afectar a otros.

Estos son los cuatro niveles de absorción; si queremos recordarlos y adquirir cierta identificación imaginativa de las experiencias descritas, tal vez sería mejor que usáramos las cuatro símiles que nos ha brindado el Buda. Al haber atravesado, por lo menos imaginariamente, estos cuatro niveles de absorción, podemos pasar ahora a la tercera etapa de la meditación.

La Etapa de la Visión Clara

Es la visión o comprensión clara de la naturaleza real de las cosas; en la terminología budista tradicional se dice que es la visión de las cosas como son realmente. En otras palabras, usando un lenguaje más abstracto y filosófico, es la comprensión directa de la Realidad misma. Incluso podría decirse que esto es lo que la palabra meditación significa en su sentido más elevado, en términos de la visión clara. Tal percepción se compone de dos partes. Por un lado es la comprensión de todo lo condicionado, del mundo o todo lo transitorio, etcétera, y también es la comprensión de lo Incondicionado, lo que trasciende al mundo, lo Absoluto, lo Ultimo.

La visión de lo condicionado consiste en tres aspectos: Primero comprendemos que todas las cosas condicionadas y mundanas, por naturaleza propia, no pueden ofrecernos satisfacción real o duradera. Debemos buscar la satisfacción en otra parte; segundo, comprendemos que todo lo mundano, lo condicionado, lo transitorio es perecedero, y que por lo tanto no podemos poseerlo para siempre; tercero y último, comprendemos que lo condicionado solo existe en un nivel relativo y no en uno absoluto; no posee una realidad permanente última.

Entonces, la Visión Clara en lo Trascendental consiste, de acuerdo con una de las tantas formulaciones, en los "cinco conocimientos" o las "cinco sabidurías". Estos conocimientos no lo son en un sentido ordinario, sino que van más allá de la esfera intelectual. El primero puede describirse como "el conocimiento de la totalidad de las cosas", no tanto como la suma de las diferentes partes sino en su sentido más profundo, a la luz de su principio unificador. Luego tenemos el conocimiento de todas las cosas mundanas y trascendentales sin un rastro de distorsión subjetiva. A este conocimiento a veces se le conoce como "el conocimiento similar a un espejo", denominado de esta manera porque refleja todo lo que se le presenta tal y como es, sin subjetividad, ni prejuicio, sin oscurecer la realidad. En tercer lugar, está el conocimiento de las cosas en su absoluta igualdad e identidad, viendo una misma Mente en todo y una misma Realidad -Shunyata-. En cuarto lugar, está el conocimiento de las cosas en su particularidad y su diversidad; la igualdad absoluta no borra la diversidad absoluta, ni impone desequilibrios, vemos a las cosas en su unidad absoluta. Finalmente tenemos el conocimiento de lo que hay que hacer para el beneficio espiritual de otros seres vivientes.

¿CUALQUIER PERSONA PUEDE PRACTICAR LA MEDITACIÓN?

Si se encuentra bien de salud, no existe razón alguna por la que no pueda practicar la meditación. Sin embargo, su médico de cabecera le advertirá sobre ciertos tipos de meditación que no podrá practicar en caso de que encuentre dificultad a la hora de realizar actividades de bajo rendimiento físico. Algunas técnicas, como la meditación de conciencia plena, utilizan yoga como parte de la práctica.

Existen escasos informes en los que conste que una persona se ha sentido mal tras practicar meditación, pero si sufre una enfermedad mental, hable con su médico de cabecera para que le aconseje si debe o no practicar la meditación.

PASOS A SEGUIR

Busque un lugar tranquilo. La meditación requiere concentración, por lo que debe evitar distracciones; encuentra un lugar adecuado para poder relajarse y que no le molesten.
Siéntase cómodo. Si va a estar en una posición determinada durante un largo periodo de tiempo, es importante que esté lo más cómodo posible.
Concentre su atención. Respirar de forma adecuada, o repetir un mantra le ayudará a entrar en estado de meditación.
Tenga la mente abierta. Si es la primera vez que intenta practicar la meditación y no es capaz de concentrarse, recuerde que requiere práctica.

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