miércoles, 27 de abril de 2016

Oraciones por los Difuntos.

Publicado por Elisabeth Mur




Dios de misericordia y de amor, ponemos en tus manos amorosas a nuestros hermanos.
En esta vida Tú les demostraste tu gran amor; y ahora que ya están libres de toda preocupación, concédeles la felicidad y la paz eterna. Su vida terrena ha terminado ya; recíbelos ahora en el paraíso, en donde ya no habrá dolores, ni lágrimas ni penas, sino únicamente paz y alegría con Jesús, tu Hijo, y con el Espíritu Santo para Siempre.

Amén





Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) … (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.
Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras. Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia. Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

Amén





Muerte, té has llevado a mí familiar querido. Me has separado de su rostro amado. Has venido de improviso, nadie te ha llamado. ¡Oh! Sueño profundo, sueño de tono gris sombrío. +++ Se ha roto el silencio con tu presencia inoportuna. Pero ha dejado de sufrir, su larga agonía. Llegó el tiempo, de abrirse a la esperanza. Llegó el tiempo de blanquear el alma. +++ Llegó la hora del juicio a solas, con Él qué, te creo. Más ha creído, he creído, todo llega a su sitio certero. No temas su muerte, ni tu muerte, todo es verdadero. Ha llegado el momento, de Cribar lo efímero. +++ Seguro qué, amó a su hermano, al vecino y al amigo. Un poco, o mucho, al enemigo; sino reza conmigo. ¡Todo!, era, ¡todo! Amor, por Ti, mi Señor: ¡Dios Mío! Te suplico por el ¡alma! del familiar que ha partido. +++ No le tengas encuenta, lo que te ha ofendido. Perdónale sus pecados, Jesús ¡Sufriente!… Llévalo a la casa Del Padre, como un hijo pródigo. Y que Él se apiade, por, ¡Tu Preciosa Sangre!



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